Ya es noche

Una densa penumbra se cierne sobre mí, acaricia mis cicatrices con manos frías, besa mis heridas con labios marchitos y arrastra mi sangre en su abrazo fúnebre. 


Me susurra lamentos que se clavan en mi piel como cuchillas, me envuelve en su sombra hasta hacerme suya.


Me acompaña bajo la luna, observando mis dedos tembloroso en un busca de un alivio efímero, pero su compañía pesa, me hunde, me rompe... y aun así, no sé cómo alejarme de ella.

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