El mar corre por tus lindas ojeras
y no supe como detenerlo.
Tu voz se rompía cual jarrón y no supe repararla.
Tu cabello comenzaba a ser independiente y dejarte,
estabas muy triste cuando lo veías marcharse
pero no supe que decirte.
Una tarde te encontré,
dormida en el suelo de tu habitación,
pero ya no despertaste.
Justo ahí supe todo lo que debía decir.
¿Por qué mis palabras
no te sirvieron de consuelo
cuando más lo necesitabas?
Extraño tu bella sonrisa
al terminar de comer un helado o
cuando te avergonzabas
de tus pequeñas canciones
y tu mirada al entonarlas.
Hoy más que nunca,
extraño tu recuerdo.
Quisiera que me perdones por mi tan poca habla.
Comentarios
Publicar un comentario