Cuando el sol salió, cuando la corriente del agua seguía su camino, cuando el bosque con árboles danzantes dejaban volar sus hojas, cuando tomaste mi mano y me enseñaste su belleza, cuando mis ojos brillaron y te admiraron, fue entonces cuando descubrí que mi corazón te susurro un "te quiero".
Cuando te mire, cuando te mostré mi ser y cuando te fijaste en mi, supe que te quiera a ti. Tus ojos me hablaban, decían tanto de mi, creí oír un "te quiero", un "te necesito", solo quería gritarte que aún que las nubes oculten el sol, cuando la lluvia te haga sollozar y el viento no parezca cesar, ahí estaré para ti y ahí seguirás tú porque eres mi sol; porque sin importar que suceda y que te oculte, estás ahí y te seguiré amando aún cuando mi cuerpo vacío este.
Me miraste una última vez, soltaste mi mano "¿Por qué lo haces?", te dije; "No está bien" contestaste y lo acompañaste con un "Sabes que no soy de aquí, sabes que pronto me iré". Lo sabía, claro que lo sabía y eso no me impedía tener lo más hermoso que pude llegar a sentir en toda mi vida, finalmente agregaste un "Te amo, te amo pero no podemos amarnos", señorita del sombrero floreado, destruirte aquel castillo que construí para nosotros y todo lo que en el había con tal solo abrir tus bellos labios rosados. Giraste tu cabeza, tu cabello dio su último aroma para mí afortunada nariz y comenzaste a tus pies mover, tus pequeños zapatos se ensuciaron pero continuaste hasta correr, hasta desaparecer, hasta que mis ojos cristalinos derramaron lagos que con fuerza destrozaban mi alma y corazón, hasta que entendí que tus bellas manos jamás volvería a lograr entrelazarse con las mías.
Comentarios
Publicar un comentario